El otro día hablando con un par de amigas tertuliábamos sobre la vida: que si es dura, que si es difícil, bla bla bla. Una de ellas no acababa de acertar con los hombres, pa variar, y la otra también con paranoias varias. Total, que envidiaban la fortaleza de ciertas personas a la hora de superar los problemas.
¿Esa fortaleza, qué coño es? ¿Cómo se consigue? ¿O se nace ya con ella? Yo pensaba que era la capacidad para sobreponerte a un encontronazo de esos. Quizás esa capacidad es innata... y si no la tienes, dos piedras: a sufrir por la vida y a ir de víctima.
Pero podría ser que no.
La sacudida que sientes ante una situación (el ostión que te pegas, vamos) viene a ser la distancia que separa lo que te esperabas con lo que pasa multiplicado por la necesidad que tienes de eso que “te esperabas”: si tú ya te haces a la idea de que esa pava seguramente pase de ti (de forma sincera, no vale hacerlo ver, eh), si luego no te hace caso... pues te jode pero relativamente. En cambio, cuando te esperas mucho de alguien, te convences de que sí, de que vamos, clarísimo..! ...te ilusionas con el futuro y te lo crees de verdad.....y luego na de na... y la castaña a veces es del quince.
Por ello yo creo que la fuerza esta de “aguante de malos rolletes” la da, en gran medida, lo “realista” que sea cada uno. Generalmente, las personas que se encuentran “falta de fuerzas” y viven continuamente en paranoias siguen este patrón:
* Toleran poco la incertidumbre en los aspectos importantes.
* Les preocupa mucho el futuro y temen a los desengaños.
* Para intentar adivinar por dónde van las cosas, se agarran a creencias (no hablo de religiones, eh), en plan supersticiones, o ‘normas mágicas’, intuiciones o señales varias (interpretación de los sueños, adivinación, astrología, etc..).
* Creen en las historias con final feliz como norma. Tragan series de TV, películas y toda clase de historias de ficción, y las toman como si fuese lo normal.
* Tienden a creer que “todo ocurre por una razón”, y por tanto, es predecible (e incluso controlable si dominas esa razón, ya sea directamente o indirectamente).
* Tienden a pensar que medio universo está pendiente de nosotros.
Total. Entre su miedo, sus creencias, y la tele que las confirman, se crean una imagen de “cómo debería ser el mundo” (o el amor o la política, etc...) mas falsa que la amistad de tu jefe.
El progreso final viene como sigue:
* Viene la ostia inevitable, claro: cuando el mundo te pone en tu sitio.
* Se junta con “todo es por un motivo”... y de ahí al sentimiento de culpabilidad: pensamos “joer..todos los signos eran claros: el cometa que se cruzó, el encontronazo casual, el gustarnos lo mismo, las cartas del Tarot... Por tanto, si no ha salido bien el que la ha cagado he sido yo!! No soy lo suficiente bueno”.
* Sigue con insistir en profundizar en los métodos mágicos (¡¡para nada aceptar que hay cosas incontrolables, faltaría más!!)
* Vienen más ostias. Las cosas siguen sin funcionar
* De ahí al victimismo: el “alguien me ha echao un mal de ojo, alguien me la está jugando, mi vida es peor que la de los demás, soy un desgraciao y no puedo hacer nada”.
* Y finalmente, la rendición: el enroscamiento en uno mismo. El crearse una barrera que le separa del mundo que no entienden, cuando el principal problema siempre ha sido ese: el vivir aislado de él sin posibilidad de comprenderlo. Y el pensar “yo no soy fuerte y no podré serlo”. Y a aguantar el chaparrón (ya sea en forma de matrimonio infeliz, o de soltería resignada, etc...)
Pero es una buena noticia: la fortaleza se puede aprender. A base de EXPERIENCIA y sobre todo, SOBRE TODO... CEREBRO! Para ello, hace falta valentía, sí. Pero sólo una vez, y no cada vez que te pase una desgracia. Desprenderse de creencias inutiles, supersticiones, magias, prejuicios, de creerse los sueños. No se si es triste no soñar (que a ver..todo el mundo lo hace en el fondo), pero más triste es aferrarse a ellos por no comprender qué significa vivir. Dejar atrás eso ayuda a enfrentar y superar las situaciones. Y lo más importante: permite VIVIR con mayúsculas, y no pasar los años esperando a hacerse uno viejo tras un muro de retención que ni los diques holandeses esos, esperando que la siguiente vida, que tanto necesitas por que esta no te sirve, sí que sea como a tí te gusta.